DENTRO DEL LABERINTO    
Por Sofía Martín Gutiérrez

 


Bienvenidos a la parte más personal de smg-arquitectura. Quiero que mi blog sea tu espacio de referencia, con ideas innovadoras y recomendaciones de mi mano, Sofía Martín, arquitecta y diseñadora de espacios.
Con ella disfrutaremos de un experimentado análisis de las tendencias en arquitectura, reformas, diseño de interiores, optimización de espacios… y lo más humano, mis encuentros con colegas del sector.
¡Abre la puerta al mundo de Sofía!

Ahora que se desacelera el tiempo, ahora que sabemos, como nos enseñó Einstein, que ese tiempo es solo una ilusión muy intensa y persistente, ahora que la velocidad del cambio está arrasando con todo lo que conocíamos y nuestras rutinas se desmoronan, ahora más que nunca debemos avanzar hacia nosotros mismos. 

Al igual que en el concepto de laberinto como espacio en el que diversos pasillos se articulan unos sobre otros, de manera tan compleja que solo quien los había construido o poseía el secreto de su construcción, podía una vez llegado al centro, salir al aire libre, nos encontramos en estos días vagabundeando sin perecer, al menos eso espero.

La idea de laberinto no es específicamente griega, pero es a través de la mitología helénica que ha calado en la cultura occidental. Considerado en la actualidad un juego de niños, es una forma de aprehender la obra, más importante que la obra misma. Su connotación es más bien negativa, pues implica que en un laberinto uno se pierde y el perderse es molesto.

Sin embargo, el análisis de laberinto encuentra el paralelismo en nuestra vida cotidiana, el turista que descubre los encantos de un pueblecito, la persona que se mueve por las secciones del supermercado o el automovilista que recorre una ciudad desconocida, son situaciones de lo más corrientes en nuestro día a día.

Definamos el laberinto como una estructura puramente geométrica o topológica en la que los estímulos del medioambiente se reducen exclusivamente a los pasos motrices, de manera más sencilla, los laberintos son pura y simplemente conjuntos de “pasillos” en donde la movilidad longitudinal es superior a la movilidad transversal y en donde no se pueden atravesar muros o paredes. 

De esta forma nos encontramos ahora mismo en nuestras viviendas, recorriendo sin cesar esos pasillos, esperando encontrar la solución a la salida, con una única vía de escape en donde todas las demás son trampas de las que hay que regresar (la nevera, el sofá, la cama, la nevera otra vez,…)

Parece que se tratara de un experimento psicológico, solo que en lugar de especies variadas de animales, esta vez somos nosotros el objeto de estudio. Muchas serán las personas que por primera vez sean conscientes de sus capacidades motoras y su relación con el espacio, sorprendidas de verse andando en línea recta, girando, pensando en la bifurcación del camino, volviendo sobre sus pasos al llegar a un espacio sin salida, regresando sobre sus pasos aún sin haber encontrado un obstáculo o incluso retornando a un punto ya recorrido. 

El arquitecto como planificador u organizador, se interesará por la superficie o volumen del laberinto que son los que condicionan el espacio geométrico, su razonamiento debiera ser puramente objetivo, sin embargo los acontecimientos que obstaculicen o no el recorrido en estos días, harán que la visión del laberinto sea más bien subjetiva para todos, planificadores o meros paseantes.

La ansiedad, el placer, la soledad, el descubrimiento o incluso el aburrimiento serán estímulos y obstáculos que nos harán cambiar la percepción de nuestro laberinto particular.

¿Perdidos dentro del laberinto?

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